Publicación: 05. José Luis Romero: de la historia de Europa a la historia de América
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Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia Antigua y Medieval
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Fil: Halperín Donghi, Tulio. Universidad de California; Estados Unidos.
En 1975, en una ocasión propicia para echar una mirada retrospectiva sobre su trayectoria (se trataba de celebrar, en compañía de amigos de toda la vida, la publicación de la quinta edición de Las ideas políticas en Argentina, separada por tres décadas de la primera), José Luis Romero reflexionaba quizá por última vez en voz alta sobre la problemática articulación entre sus obras centradas en la historia antigua y la del Medioevo, y las que paralelamente había consagrado a la exploración del pasado argentino. Una vez más, subrayaba la distancia entre la pasión erudita que inspiraba aquéllos, y la conciencia de una “responsabilidad moral” que lo había llevado en 1944 a aceptar la invitación a tomar a su cargo presentar la historia de las ideas políticas en Argentina, que le formuló Daniel Cossio Villegas por sugerencia de Pedro Henriquez Ureña, aunque se sentía menos profesionalmente preparado para ello que para indagar en el campo de la historia medieval. No ha de sorprender entonces que al presentar al epílogo de ese libro como “uno de los orgullos de su vida” no reivindicara para él particulares méritos historiográficos: en ese epílogo veía ante todo un acto, un acto gobernado por los imperativos de la muy exigente moral ciudadana que había desde siempre hecho suya.
En 1975, en una ocasión propicia para echar una mirada retrospectiva sobre su trayectoria (se trataba de celebrar, en compañía de amigos de toda la vida, la publicación de la quinta edición de Las ideas políticas en Argentina, separada por tres décadas de la primera), José Luis Romero reflexionaba quizá por última vez en voz alta sobre la problemática articulación entre sus obras centradas en la historia antigua y la del Medioevo, y las que paralelamente había consagrado a la exploración del pasado argentino. Una vez más, subrayaba la distancia entre la pasión erudita que inspiraba aquéllos, y la conciencia de una “responsabilidad moral” que lo había llevado en 1944 a aceptar la invitación a tomar a su cargo presentar la historia de las ideas políticas en Argentina, que le formuló Daniel Cossio Villegas por sugerencia de Pedro Henriquez Ureña, aunque se sentía menos profesionalmente preparado para ello que para indagar en el campo de la historia medieval. No ha de sorprender entonces que al presentar al epílogo de ese libro como “uno de los orgullos de su vida” no reivindicara para él particulares méritos historiográficos: en ese epílogo veía ante todo un acto, un acto gobernado por los imperativos de la muy exigente moral ciudadana que había desde siempre hecho suya.
