Publicación: 14. Juan Gil: retrato en negro del clero del siglo XIII
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Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia Antigua y Medieval
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Fil: Martín, José Luis. Universidad Nacional de Educación a Distancia; España.
Entre las numerosas obras del franciscano Juan Gil de Zamora que escribió en esta ciudad a fines del siglo XIII merece especial atención el Dictaminis Epithalamium o Arte de Escribir, dedicado a cuantos han hecho de la predicación y la enseñanza su modo de vida. En esta obra ofrece Juan Gil un completo manual, con enseñanzas todavía válidas, para el escritor de cartas al que se ilustra desde el comienzo -las palabras- hasta el final -la carta acabada y lista para ser enviada-, según puede verse por el índice de la obra, dividida en seis partes o capítulos de los que los cuatro primeros están dedicados a las palabras, tanto si éstas son de alabanza (1 y 2) como de vituperio (3 y 4); la división en dos partes de alabanzas y críticas se justifica porque primero se ofrece una visión general de las palabras que han de emplearse y después se especifican los términos más apropiados para referirse a quien practica determinadas virtudes o a quien es siervo de vicios concretos. En el apartado general de palabras laudatorias se distinguen las referidas a la forma de ser y a la manera de actuar, las que sirven para describir la actuación de príncipes y reyes y las apropiadas para dirigirse a los prelados; y entre las virtudes que “tienen” sus propias palabras figuran las de caridad, sencillez, paciencia, pobreza, paz, obediencia, vergüenza, fortaleza, sabiduría, doctrina, solicitud, misericordia, desprecio del mundo, oración y contemplación. Los vicios parecen ser del dominio exclusivo de los clérigos y la parte general incluye tres arengas a los prelados: sobre la forma de actuar, la reforma de las costumbres y sobre la adulación y los aduladores; los vicios que se combaten son los practicados por aduladores, borrachos, ociosos, negociantes, malos ricos, envidiosos, soberbios, golosos, avaros, detractores, traidores, duros de corazón y clérigos cazadores.
Entre las numerosas obras del franciscano Juan Gil de Zamora que escribió en esta ciudad a fines del siglo XIII merece especial atención el Dictaminis Epithalamium o Arte de Escribir, dedicado a cuantos han hecho de la predicación y la enseñanza su modo de vida. En esta obra ofrece Juan Gil un completo manual, con enseñanzas todavía válidas, para el escritor de cartas al que se ilustra desde el comienzo -las palabras- hasta el final -la carta acabada y lista para ser enviada-, según puede verse por el índice de la obra, dividida en seis partes o capítulos de los que los cuatro primeros están dedicados a las palabras, tanto si éstas son de alabanza (1 y 2) como de vituperio (3 y 4); la división en dos partes de alabanzas y críticas se justifica porque primero se ofrece una visión general de las palabras que han de emplearse y después se especifican los términos más apropiados para referirse a quien practica determinadas virtudes o a quien es siervo de vicios concretos. En el apartado general de palabras laudatorias se distinguen las referidas a la forma de ser y a la manera de actuar, las que sirven para describir la actuación de príncipes y reyes y las apropiadas para dirigirse a los prelados; y entre las virtudes que “tienen” sus propias palabras figuran las de caridad, sencillez, paciencia, pobreza, paz, obediencia, vergüenza, fortaleza, sabiduría, doctrina, solicitud, misericordia, desprecio del mundo, oración y contemplación. Los vicios parecen ser del dominio exclusivo de los clérigos y la parte general incluye tres arengas a los prelados: sobre la forma de actuar, la reforma de las costumbres y sobre la adulación y los aduladores; los vicios que se combaten son los practicados por aduladores, borrachos, ociosos, negociantes, malos ricos, envidiosos, soberbios, golosos, avaros, detractores, traidores, duros de corazón y clérigos cazadores.
